domingo, 26 de febrero de 2012

Fragmento 6: Flores para mi tumba

Un año y medio antes.
La profesora de Filosofía ha entrado y está explicando algo sobre Kant. Es uno de sus filósofos preferidos, no le hace falta prestar atención. Sólo piensa en Alex, y en lo que le habrá dicho a Clara realmente. ¿De verdad está interesado en que ella vaya a la fiesta?
Quizás le ha preguntado por todas las chicas, por Patricia y Julia también, pero Clara ha omitido esa información para hacer más jugosa la noticia. No la ve capaz, sabiendo que le gusta.
Un papelito le impacta en la frente y cae a su mesa. Se gira para mirar a Julia, que le insta con gestos a que lo abra.
Tienes que intentar convencer a tus padres para que te dejen ir. Puede que esta sea tu oportunidad con Alex. ¡Júrame que esta tarde lo vas a intentar!
Sandra le da la vuelta a la nota y escribe la respuesta disimuladamente.
No puedo. Mi madre me ha dicho que no. Y además, ya sabes que no juro.
Se la lanza a Julia aprovechando que la docente está escribiendo algo en la pizarra.
Su amiga la mira con disgusto tras leerla, y niega para sí misma, como si no tuviera remedio.

No importa que Alex haya preguntado o no por ella. Le han dejado claro que no puede ir. Es cierto que los exámenes de Filosofía y de Matemáticas de la semana siguiente son importantísimos, pero ya se los sabe al dedillo. No tendrá ningún problema en alcanzar de nuevo el sobresaliente. Aunque bueno, la noche del sábado no iba a dedicarla a estudiar de ninguna manera. Como mucho verá alguna película. Es una pena… Pero no. Su madre ha dicho que no.

Patricia se ha saltado la clase porque Juan la ha invitado a dar vueltas con su nuevo coche, así que Sandra se ha sentado sola.
Mira a Julia y a Clara, que ocupan el pupitre de la izquierda. Julia está mascando chicle sin ningún disimulo y mira distraída por la ventana. Da a un muro de piedra, pero a la chica parece interesarle más aquella visión que lo que le tengan que explicar sobre Kant.
Clara está garabateando algo en su cuaderno. Parece la lista de invitados a su fiesta.
Ninguna de las dos atiende. No les hace falta. Para eso tienen a Sandra, que siempre les echa una mano.

Sandra sabe que es diferente a sus amigas. Lo ha sabido desde el principio. ¡Incluso parecen de especies distintas! Pero ella, como tantas veces le han dicho, no es como el resto de las empollonas. No hay más que ver que está sentada en la última fila de la clase. No le gusta creerse más que nadie. Mientras el resto de chicas como ella intentaban sobresalir por encima de las demás y poner todas las zancadillas posibles al prójimo, ella se esmeraba en ayudar a los más necesitados (aunque estuviesen necesitados, precisamente, de horas de estudio y no de capacidad). Siempre prestaba sus apuntes y dejaba que le copiaran en los exámenes. Gracias a eso tenía amigas, y un estatus social que de otra forma jamás habría conseguido.

En ese momento suena la campana. ¡Por fin viernes!
Cientos de alumnos bajan veloces las escaleras que les devolverán a la libertad durante dos días. Efímera, pero libertad al fin y al cabo.

Clara y Julia conversan sobre la fiesta de camino al autobús. Han dejado a Sandra por imposible, ya no le insisten más.
- ¡Hola chicas!
Sandra se gira para encontrarse con Alex, que acaba de alcanzarlas. ¿Se dirige a ellas? Normalmente sólo habla con Clara… Las tres le devuelven el saludo.
- Por fin it’s weekend! – Dice con un acento que deja mucho que desear, pero ellas le ríen la gracia. - Por cierto Sandra, te veré en la fiesta, ¿no?
Y para el asombro de esta, le guiña un ojo. ¿Ha ocurrido de verdad?
- Bueno guapetonas, me voy que me espera mi padre aparcado en doble fila.
- Adiós Alex.
- Ciao, Alex.
Responden sus compañeras. Sandra no dice nada. Las pocas palabras que Alex le ha dirigido han hecho que se rompan todos sus esquemas, y que su férrea decisión de no desobedecer a su madre acabe de desmoronarse.

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